Biografia – Caupolicán un Héroe de la Guerra de Arauco


Los mapuche es un pueblo que resistió estoica y bravamente la conquista española del sur de Chile. Junto con Lautaro fue uno de los conductores de los araucanos en las guerras del siglo XVI. Cooperó con Lautaro en la toma del fuerte Tucapel y en la batalla de Tucapel, donde es derrotado el ejército conquistador y muere Pedro de Valdivia. Su nombre es símbolo de la resistencia indígena, su vida y hechos son recogidos por Alonso de Ercilla —uno de los capitanes de García Hurtado de Mendoza y Manrique— en su obra épica La Araucana y Rubén Darío en Caupolicán.

«Caupolicán era un varón de autoridad grave y severo, duro y decidido, firme para mantener sus opiniones y llevar a cabo sus empresas. Había nacido tuerto, y ese defecto, que daba a su cara un aspecto feroz y un poco tétrico, no era desmedro para su habilidad física…»

Fernando Alegría en su libro Lautaro, joven libertador de Arauco

Caupolicán (o Quepolicán,1 literalmente pedernal pulido2 ) fue un líder mapuche.

Su principal esposa conocida fue Fresia, también denominada Güeden o Paca por otros autores.3 Su principal hijo conocido fue Lemucaguin, también llamado como Caupolicán el Joven.

Primeros años
Luchó desde su juventud contra los conquistadores españoles por la libertad de su territorio. Fue elegido toqui (jefe militar) de los mapuche, siendo sucesor de Lautaro, aunque Alonso de Ercilla destaca su elección antes, siendo el candidato secreto de Colo Colo para la conducción de la guerra. Al parecer era miembro de una familia muy respetada en la sociedad mapuche, pues él y sus hermanos estaban siempre en el núcleo de jefes que planificaba los movimientos de Guerra. De hecho, Gerónimo de Vivar lo señala en la Batalla de Millarapue:


Elección de Caupolicán como Toqui
Después de estas derrotas mapuche se reunió un gran Consejo en la Sierra de Pilmaiquén, este Consejo tenía por objetivo unificar en un solo mando a las fuerzas mapuches, con la elección de un toqui. Caupolicán fue elegido por su gran fortaleza física y valentía, era de rostro severo y tuerto desde la niñez. Según cuentan las tradiciones, Caupolicán tuvo que demostrar su fuerza ante los caciques, entre los que se encontraba Tucapel y Rengo, presididos por Colo Colo, sosteniendo un grueso tronco de árbol sobre sus hombros durante dos días y dos noches sin desmayarse antes de ser elegido toqui; Caupolicán fue el vencedor entre otros candidatos tales como Paicabí, Lincoyán y Elicura.

Alonso de Ercilla lo inmortalizaría en La Araucana:
«Con un desdén y muestra confiada, asiendo el tronco duro y nudoso, como si fuera vara delicada, se lo pone en el hombro poderoso: la gente enmudecía maravillada de ver el fuerte cuerpo tan nervoso.
El color de la Lincoya se le muda poniendo en su victoria mucha duda... El bárbaro sagaz despacio andaba, y a toda prisa entraba el claro día; El sol las largas sombras acortaba, más él nunca decrece en su porfía: al ocaso de la luz se retiraba, ni por eso flaqueza en el había; las estrellas se muestran claramente, y no muestra cansancio aquel valiente».

Muerte de Caupolicán
Mientras aún se retiraban los mapuche supervivientes, una avanzada al mando de Pedro de Avendaño llegó a Pilmaiquén, y en la Batalla de Antihuala (5 de febrero de 1558) capturó a Caupolicán, quien preparaba una contraofensiva. Según Ercilla, cuando era conducido por un piquete atado hacia el fuerte de Tucapel le salió al paso una mapuche iracunda, de nombre Fresia, con un bebé en brazos; era hijo del derrotado toqui. La mujer le enrostró el hecho de haberse dejado capturar vivo y le arañó el rostro dando alaridos de rabia, y en un ataque de furia tomó al infante de apenas un año y lo destrozó al lanzarlo sobre un peñasco. La marcha continuó en silencio su rumbo. Fue llevado ante el veterano Alonso de Reinoso, quien lo condenó a morir en la pica, una muerte terrible por empalamiento.

Cristóbal de Arévalo, Alguacil de campo, fue el encargado de ejecutar la orden. Caupolicán fue subido y amarrado a una tarima que tenía una punta de madero cortado a forma de pica en el centro; Caupolicán, mostrando gran serenidad, miró soberbiamente a la multitud de españoles que lo contemplaban y dijo:
«Pues el hado y suerte mía me tienen esta suerte aparejada, vean que yo la pido, yo la quiero, que ningún mal hay grande y es postrero».

«Ha cambiado la historia para nosotros, claro. Los “libros oficiales” dicen que son otros los que la hicieron y la siguen haciendo por nuestros pueblos. Los héroes de esta historia, en un mundo “civilizado” en el que ya no debiera haberlos, son los invasores. Mas Caupolicán empalado, enfrentándolos, representa el suplicio de nuestro pasado, que entra ardiendo en nuestros corazones. Lautaro es el futuro que vislumbramos, detrás de la cortina del misterio y del compromiso, y que saldrá como la luz de nuestros ojos».